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El culto de todos los tiempos (Apocalipsis 5)


El Apóstol Juan en este capítulo nos da una preciosa descripción del culto en el cielo. Una ceremonia majestuosa que se celebra en la eternidad, incomprensible para nosotros de alguna manera, cierta por la fe. Un culto donde se reúnen los elementos esenciales de nuestras reuniones de adoración a Dios y en donde toda la congregación de los salvos y ángeles se reúnen alrededor del trono de Dios para alabarle por sus propósitos, atributos y obras. Del poder de Aquel que lo domina todo, del soberano Dios, hay un libro muy sellado, que no había nadie digno de abrir. En la antigüedad los documentos importantes eran enviados en papiros sellados con varios sellos de cera. Solamente la persona autorizada, en presencia de testigos podía abrir el documento. Pero ¿Cuándo tuvo lugar este acontecimiento? Para nosotros es muy difícil y controversial fechar con exactitud las profecías apocalípticas. Hay diferentes posiciones respetables de interpretación del Apocalipsis. Sea como sea, va ser incomprensible, misterioso y temerario hablar de Apocalipsis. Aquí mis argumentos.


Este pasaje nos narra de algo que sucede en la eternidad, en la mente de Dios, que es revelado a Juan para ser cumplido en el futuro. Es una narración del culto de la Iglesia, una escena que se desarrolla en cada reunión de los Santos, una explicación de la unión del cielo con la tierra, una unión de lo angélico con lo humano para rendir alabanzas y adoración a Dios; esta escena se está repitiendo siempre constantemente hasta la eternidad. El pasaje no nos puede estar hablando de algo muy futuro, que no ha ocurrido y que solo ocurrirá en el cielo. Por el contenido de Apocalipsis, el libro muy sellado contiene no solo la información con respecto al Juicio Venidero sobre la tierra, sino también el mensaje de este Juicio, como lo proporciona Dios, su desarrollo en la historia y el Gran Día. Si esto fuera una escena que se cumplirá sólo en el futuro, después que todas las cosas hayan sido restauradas, ¿dónde queda la Iglesia en el desarrollo de este Juicio y como portavoz del mensaje del día de la Ira? (Apocalipsis 6, Ezequiel 2:9-10). Tampoco puede referirse a algo pasado que sucedió únicamente en el cielo con los salvos que han muerto, porque hay en el pasaje una figura que simboliza la representación total de la Iglesia y son los veinticuatro ancianos. Además, el pasaje dice: "… y reinaremos sobre la tierra” (5:10); quien ejerce este reino y gobierno visual es la Iglesia terrenal y espiritual de Cristo en todos los tiempos, en la comunión de los Santos.

En medio de todos los componentes de la escena había un Cordero como inmolado, era el León de la Tribu de Judá, la Raíz de David, el Vencedor, Jesucristo, el único que había vencido, que había muerto y resucitado, y por esto es digno de abrir los sellos del libro. En este pasaje el motivo central de la adoración al Cordero es su muerte, su crucifixión, esta es la base de nuestra adoración a Dios y este, como todos los cultos dirigidos a Dios, se centran en el Cordero, Él es por quien nos acercamos al Padre, Él es el motivo y la razón, nuestra adoración, nuestro culto y reunión en pos de Él. Y así Él está en medio de nosotros.


Ninguna adoración dirigida a Dios sin la intermediación de Cristo es aceptada, ninguna reunión que no es en su Nombre tiene su presencia, donde no se adora a Cristo, no se adora a Dios, cuando no se le canta a Cristo, solo se canta más no hay alabanza al Señor. Por lo tanto, solo un culto es verdadero, celestial y eterno cuando el Cordero, Jesucristo, es el centro. Una ceremonia, como cualquier otra que hacemos para Dios, incluye cánticos, incluye cantos de alabanzas; por ejemplo, cuando Jesucristo tomó, del poder del soberano Dios, el libro. Los cuatro seres vivientes, los cuales están más allá de nuestra comprensión, y los veinticuatro ancianos, simbolizando la representación total de la Iglesia, se postraron delante del Dios Jesucristo, teniendo cada uno arpas cantaban:


“… Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” (Apocalipsis 5:9, 10).


Son cantos progresivos que comienzan los seres vivientes y los veinticuatro ancianos ubicados ellos alrededor del Cordero y luego se les une un coro angelical, muchos ángeles, alrededor de los seres vivientes y de los ancianos, que decían en alta voz:


“…El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay,… Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 5:12-13)


Tal pasaje nos enseña acerca del culto integral y completo que se le debe ofrecer a Dios, con todo lo que Él ha ordenado en su Palabra, y tal como él ha dicho, sin añadirle, ni quitarle, ni meterle invenciones humanas, ni imágenes caprichosas. El culto de todos los tiempos, que es en verdad, con sinceridad y en Cristo. El número siete está muy presente en este capítulo recordándonos lo completo que debe ser el culto a Dios, la completa obediencia y adoración que él demanda de nosotros, que ya todo está completo y que no debemos agregarle nada solo obedecer a lo que ha mandado, lo perfecto, puro y santo que es y debe ser el culto que rendimos al Señor. Los siete sellos, los siete cuernos, que denota dominio total de Jesucristo sobre su Iglesia y por ende su culto; los siete ojos, la Iluminación total de Cristo sobre su pueblo; los siete Espíritus, el Espíritu Santo, en toda su perfección, plenitud y universalidad (Isaías 11:2) presente en el culto verdadero y las siete alabanzas, el poder, riquezas, sabiduría, fortaleza, honra, gloria y alabanzas, las cuales el cordero nos ha hecho dignos de cantarlas a Él.

Los ancianos tenían copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, cuyas oraciones están presente siempre en el culto a Dios y se dirigen en el nombre de Jesús, ruegos, clamores, súplicas que suben delante de Dios como el incienso (Salmos 141:2). Todas las oraciones en cada congregación y cada culto que realizan los hijos de Dios, están aquí en este pasaje representadas como alabanzas, como perfume, como algo muy importante para el Señor, que de acuerdo con su Voluntad están por contestarse. Conocer esta realidad celestial presente del culto debe motivarnos a darle prioridad a asistir a las reuniones de la Iglesia, debe reflejar en nosotros el gozo de adorar, debe ayudarnos a vencer el hastío y la pereza. Saber que nuestro culto es un cumplimiento presente y constante de este pasaje de Apocalipsis debe acércanos más a ese día en que el tabernáculo de Dios esté con los hombres, y ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

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